A veces tenemos que huir de nuestro pasado, o al menos de una pequeña parte de él, pues todos alguna vez hemos hecho algo de lo que nos arrepentimos. Nos creemos fuertes, pero un simple recuerdo de ese error puede hacer que todo nuestro mundo se derrumbe sin motivo aparente, y entre los escombros, nos encontramos con todo lo que pudo ser y no fue, o con todo lo que fue sin tener que ser. Nos sentimos pequeños, hundidos, pero ¿por qué? ¿Acaso no tenemos derecho a equivocarnos? ¿Acaso no somos todos personas?
A pesar de todo, intentamos rehacer nuestra vida como si nada hubiera pasado. ¿De quién fue la culpa? Mía, sin duda, mía y de nadie más. Mía por dejar que aquello pasara, por ignorar las posibles consecuencias, por confiar en mi inocencia, por desobedecer a mi conciencia.
Tal vez rehacer es una palabra muy fuerte, pero lo que si que intentamos es seguir adelante, partiendo de cero en aquellas cosas que hemos perdido y que ignoramos cada vez que al doblar una esquina nos las encontramos, o cada vez que insisten en ocupar nuestra almohada. Las ignoramos, fingimos que nunca han pasado, que nada ha cambiado, porque todo resultaría más fácil.
Dicen que nunca es tarde, pero para todo hay excepciones. También dicen que cada uno tiene lo que se merece, y que todo lo que sube baja; y es que todo es circular, y al final todo acaba donde empezó, no importa cuanto luchemos o cuanto nos resistamos, porque siempre que roguemos una nueva oportunidad pagaremos aquel error en ingenuidad.
Ole, ole
ResponderEliminar